La tradición navideña del abeto

La tradición navideña del abeto

En fechas navideñas vestimos todos los hogares con sus mejores galas. Luces, espumillones, un poco de muérdago, quizá algunos adornos de colores rojos y blancos. Y, sobre todo, el árbol de navidad, el abeto navideño. Este es el auténtico protagonista en muchas de nuestras casas durante las fiestas navideñas, y no son pocos quienes decidimos comprar plantas online para adornar nuestros salones con tiempo suficiente. Pero, ¿de dónde viene la tradición del abeto navideño?

¿Cómo comenzó la tradición del abeto navideño?

Ya los romanos colgaban en sus hogares diversos elementos vegetales durante las fiestas de saturnalia, igual que hacían otros pueblos de origen indoeuropeo, como los cántabros, quienes colgaban ramitas de muérdago blanco en fechas cercanas al solsticio de invierno.

En cuanto al abeto de Navidad parece que su origen está en Europa del Norte. Muchos hablan de un abeto o un roble consagrado a la divinidad vikinga Thor en la zona de Hesse, durante el siglo VIII, mientras que otros trasladan el primer árbol de navidad público a las ciudades bálticas de Tallin o Riga. Lo cierto es que la simbología de este árbol es muy clara. Al ser de hoja perenne resulta perfecto para representar la vida eterna durante el largo invierno, mientras que su forma de flecha orientada al cielo puede representar la divinidad.

Quizá por ello, el propio Martín Lutero colocaba cada Navidad un abeto en su hogar, poniendo multitud de velas colgadas de sus ramas, en representación de las estrellas del firmamento. El árbol sería, entonces, un mapa celeste. En cuanto a los regalos a los pies del árbol de Navidad, su aparición es mucho más moderna, pues data del siglo XIX. Anteriormente se colgaban de las ramas algunos frutos (nueces, avellanas, castañas) que servían como golosina y, a la vez, como elemento de buena suerte de cara al nuevo año.

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